Mis 5 mayores contradicciones

Que difícil se me hace mantener la coherencia entre todos los ámbitos de mi vida pero especialmente en la maternidad. Un hilo entre lo que digo, lo que hago y lo que pienso que a veces se tensa, se tuerce, se enrosca. Desde el gran “callate la boca y decime que pasó…” hasta las contradicciones más creativas, este es mi #topfive:

  1. Dime qué comes..

Tengo una cruzada personal contra las gaseosas y los jugos industriales. Me parecen horribles y muy poco sanos. A mi no me gustan, por lo cual Cucu no toma. Al principio estaban prohibidos, después los probó y no le gustaron (¡victoria para papi y mami!). Entonces, bebidas industriales buuuuu, pero no tenemos el mismo criterio para la comida. En casa nos encanta comer variado, sano y no tanto, no tenemos la misma cruzada en contra de la comida que nos gusta aunque sea chatarra. El chocolate por ejemplo en casa es como maná y obviamente Cucu también es fan. ¡Tenemos decenas de fotos suyas robando chocolate de tortas propias y ajenas! Entonces ¿en qué quedamos? ¿comida industrial sí o no?

  1. Soltate/agarrate

Me cuesta darme cuenta que Cucu a sus dos años y medio es muy literal. Cuando aprende que tiene que hacer algo de cierta manera, lo hace así y basta. Algo muy importante que le enseñamos es que cuando salimos a pasear tiene que ir agarrado del carro donde va Teddy y no soltarse por-nada-del-mundo (Ver Maternidad: método Terminator). Entonces el se agarra del carro muy obedientemente y de vez en cuando repetimos el mantra “no te sueltes del carro” por las dudas de que se le olvide. ¡Un golazo! Hasta que llegamos a alguna situación donde necesito que se suelte, por ejemplo, porque no pasamos tooodos agarrados del carro. Le digo “ahora soltate” y me mira con cara de “¡Hace 20 cuadras que me decís que me agarre, ¿en qué quedamossss?”.

  1. Animaladas

En casa todos estamos en contra del maltrato animal en todas sus formas. ¿En todas sus formas? Está claro que no vamos con el abandono, la matanza, el hacinamiento, la explotación… pero me encantaría llevar a los peques a ese parque que se presenta como reserva de animales porque creo que AMARÍA pasear por abajo de la pecera gigante por ejemplo. Se que explotación y lucro no son sinónimos pero ¿dónde está el límite? Creo que vamos hacia una sociedad más consciente de los derechos de las otras especies, pero crecí en una generación donde no se cuestionaban esas cosas ¡ni siquiera los animales en los circos! Y a veces cuesta deshacerse de los vicios, no?

  1. Una cuestión semántica

Soy comunicadora y me cuesta no analizar las palabras. Es un tic… o un toc, no sé. ¡Y no tardé mucho en ser víctima de mis propios análisis! Le estamos enseñando a Cucu las palabras mágicas “por favor” y “gracias” (que para él suenan algo así como “totator” y gracias como algo imposible de transcribir). Papito y yo somos muy educados, adentro y afuera de casa, pero me di cuenta de que con Cucu casi nunca me corro del imperativo. Aunque el tono no sea de orden, nuestro día a día está plagado de “Cucu vení” “tomá” “bajate de ahí” “soltá eso” y miles de órdenes más disfrazadas con un tono dulce unas veces y pseudo enojo otras. Me merezco que un día el me conteste “¿Cómo se pide mamita?”

  1. Vida activa

En este punto el concepto de “haz lo que yo digo y no lo que yo hago” cobra más fuerza que nunca. Chicos activos que hacen deportes son más sanos y algunos estudios dicen que son más felices. Pero la actividad física y yo no nos llevamos nada bien (por suerte está Papito que juega bien a TODO). ¿Entonces? ¿De dónde saco la autoridad para decir que deben hacer actividades porque les hace bien? ¿Debería hacer ejercicio con ellos? ¿Compartir algunas de esas actividades aún cuando prefiero toda la vida leerles un cuento, pintar, armar juegos simbólicos que son los que más me gustan? Difícil… muy difícil…

¡Sincerate! ¿Te reconoces en alguna de estas contradicciones? ¿Sos víctima de otras contradicciones?

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