Reconciliada con la mugre

La maternidad, para mi, trae aparejada una cuota de suciedad y desorden constante al que me tuve que adaptar y resignar sin remedio.

La primera experiencia maternidad/mugre es un módulo intensivo que transcurre en las primeras tres semanas del bebé. En esas que, así como el bebé no sabe de horarios ni de días y noches, la mamá tampoco. Esas semanas en las que sacarse el pijama es toda una proeza, una ducha es un lujo y sobrevivir un día sin manchas en la ropa provocadas por el bebé es imposible. De los primeros días de vida de mis hijos una de las sensaciones que más recuerdo es la de sentirme sucia todo-el-tiempo.

Como todo, a los días las rutinas empiezan a acomodarse y esa sensación se va…por un tiempo. Porque meses después llega una etapa que a mí me hizo amigar con la mugre al 100%: cuando el bebé llega al piso. Primero gateando  (un horror porque te deschava que los pisos están siempre sucios) y después caminando.

Ahí llegó el momento de decirle chau a la ropa clara, “hasta siempre pantalón blanco”. Es que si antes odiaba tener manchas en la ropa, incluso el roce en las telas claras, hoy eso es inevitable.

Mi jean favorito es clarito. Hoy me lo puse y en una mañana tenía manchas de Rockletts desteñidos y una suela de zapatilla estampada cortesía de Cucu, baba y algo de vómito cortesía de Teddy, y de yapa una pata del perro #enzopiscu. Claramente esta situación desencadenó el tema del post.

Si bien yo no me maquillo, no me hago las uñas seguido ni me detengo mucho a peinarme (nunca) estar limpia sí es una necesidad y convivir con esta cuota de mugre fue todo un aprendizaje. Estos fueron los principales sacrificios:

. Las manos. No importa cuantas veces se las lave, Cucu siempre tiene las manos pegoteadas con algo y sucias de jugar en el piso. ¡Me encanta! Aunque me encanta un poco menos cuando me quiere dar la mano o hacer un mimo…

. Las zapatillas y los zapatos. ¿Por qué los nenes disfrutan parándose arriba de los zapatos de las madres? No lo puedo entender, no lo tolero.

. Los pantalones. Me encanta sentarme en el piso a jugar con Cucu o con Teddy en el gimnasio. Hablarles a su altura, de igual a igual y eso incluye apoyar la cola en el piso = en el polvo.

Desde que soy mami volví a ensuciarme las manos (y los pies pero eso no es culpa de los nenes, amo andar en patas, lo admito). Con comida, con tierra, con pinturas, con masa ¡y ni voy a entrar en el tema de los pañales! Porque sacando esto último, me di cuenta de que todo lo demás es muy divertido. ¿Y qué le hace una mancha más al tigre?

<< MENCIÓN ESPECIAL: la arena en las vacaciones. Si sos de las mujeres que apoyaban la lona en la arena y luchaban por mantenerla inmaculada, después de la maternidad olvidate, los peques logran que la arena llegue a lugares que nunca te hubieses imaginado. >>