¡Dejalo llorar!

No lo dejes llorar. Dejalo llorar. No lo dejes llorar. Una de las cosas más controversiales de la maternidad, dos bandos, un River/Boca, con fanáticos en ambos lados. Y en el medio un grupo de mamis y papis que dudan ¿lo dejo llorar o no? Casi como un “ser o no ser”.

Este punto está casi cabeza a cabeza con como-debe-dormir ¿boca arriba o boca abajo? También con sus bandos y sus “modas”.

Instintivamente si me preguntan yo pienso “no hay que dejarlo llorar cuando son tan chicos” (Teddy tiene 7 meses)… pero hay dos situaciones en las que es imposible evitarlo.

Manejate

Agradezco al destino que a mis dos peques les gusta mucho andar en auto. Pero puede pasar que el llanto comience cuando estoy manejando, incluso en tramos donde parar no es una posibilidad (como en una autopista por ejemplo). Y ahí no hay opción. No solo lo tengo que dejar llorar sino que tengo que ser casi inmune al llanto porque en ese caso los nervios son peligrosos. ¡Cómo recurrí a la concentración que aprendí en yoga para que su llanto no me distraiga! Una vez me encontré en el medio de un corte de tránsito, parada y rodeada, y Teddy empezó a llorar. Ese día me di cuenta de que lo calma Hakuna Matata (a Cucu también le encanta) y que haga percusión con las manos sobre mis piernas. Probé de todo.

Son dos bebés y una mamá

Con la llegada de Teddy, Cucu tuvo que aprender a ceder su protagónico estelar. A compartir el tiempo y las demandas. Todavía es difícil para él, pero lo hace con mucha paciencia y algo de resignación. Si hay un recién nacido en casa, las “urgencias” suelen ser para él; pero también guardo ratitos donde la prioridad es Cucu. Cuando le estoy dando de comer, bañándolo o cambiándole el pañal, si Teddy empieza a llorar tiene que esperar unos minutos su turno. No queda otra.

Lo que sí pasa al ganar experiencia y que creo que ayuda mucho con la diyuntiva “dejarlo llorar/no dejarlo llorar”, es aprender a “leer” el llanto. Están los quejidos, el llanto “de aburrido” y ese que no se puede ignorar. Uno que está tan cargado de urgencia y angustia que aún hoy me hace dejar todo y salir corriendo. ¡Por suerte ese nunca me pasó en alguna situación que no me permitiera atender su llamado! (Toco madera).

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