Aprender a compartir. Nacer compartiendo.

¿Qué será más difícil? ¿Haber sido monarca absoluto y en un momento dejar de serlo? ¿O nunca saber qué se siente tener la exclusividad? Al primero en algún punto le toca renunciar a parte de su reinado, y el segundo nunca va a saber lo que es ser hijo único. Lo que toca toca, la suerte es loca.

Teddy nació compartiendo.Compartió su embarazo con un hermano mayor que estaba más demandante que nunca antes. Compartió su baby shower con una bebita amiga. La sangre de su cordón umbilical con el Banco del Hospital Garrahan. La ropa y los juguetes heredados de Cucu. Nació compartiendo a sus papás, abuelos, tíos. (También comparte la cama con los padres, pero ese es un tema aparte: Mi bebé no duerme. Nunca). En algún momento compartirá la habitación con su hermano. Comparte la hora de comer y la del baño. Intenta compartir los momentos de juego con su hermano mayor. Durante un tiempo compartió los chupetes con Cucu porque en cuanto podía se los robaba, ahora ninguno de los dos usa.

Cucu aprendió a compartir. De repente dejó de tener la exclusividad en todos los ámbitos de su vida. Dejó de ser el único hijo, nieto, sobrino. No fue más el único conquistador de TODOS los ambientes de la casa. Tuvo que ceder parte de su reinado de tiempos, rutinas y horarios. Aprendió a compartir juguetes, cochecito, sillita, el auto rojo. La mayoría de sus actividades pasaron a ser de a dos. Incluso no solo tuvo que aprender a compartir, sino que tuvo que aprender a adaptarse.

Ahora los dos saben respetar turnos, se buscan y se esperan. Uno lo entendió desde el principio y el otro lo aprendió no sin antes hacer su debido duelo. Pero con papito vemos que es tan natural en ellos estar juntos que creemos que todo este aprendizaje fue un éxito. Ojo, a Cucu todavía le cuesta el amor excesivo de su fan #1 Teddy, pero lo está aceptando y de a poco lo está disfrutando.

Porque sin miedo de ser la más cursi de todas digo: en casa todo se comparte, sobre todo el amor.

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